JUEGOS INTERCLASES INOLVIDABLES
Por estos días en que mi buen amigo Javier Villamizar, compañero de la promoción 77 posteó una foto en la cual aparezco con Ramón Velaides, durante unos juegos interclases, apresuré los recuerdos para poder hacer esta sencilla crónica que hace parte de ese dossier inagotable de nuestra época en la escuela Normal Para Varones de Pamplona. Espero les guste y si desean, aportar datos y fotos.
Uno de los más esperados eventos del año escolar, en nuestra amada Normal Para Varones de Pamplona, sin duda fueron los juegos interclases, al que mucho empeño en su organización daban todos, desde el rector hasta Martin el conductor.
La organización, ya teniendo la fecha de inauguración, correspondía a cada curso con su titular para elegir la camiseta a lucir, la madrina, el edecán, el heraldo y desde luego los equipos para los deportes a participar según la categoría.
Fútbol, baloncesto, volleyball y microfútbol, siempre fueron los deportes predilectos y las categorías cuatro; infantil, junior, juvenil y mayores, como para que todos pudieran participar.
Obviamente se tenía tribunal para los “efectos legales” de la justa, encargado de coordinar los árbitros, llenar las planillas y rendir cuentas en cada final, que casi siempre se evaporaba con el correr de los días y muchos de los campeonatos no concluían como debía ser.
“Recuerdo como muchas veces Yañez, en formación de comunidad en el patio principal, daba consejos, órdenes y hasta asustaba con las medidas a adoptar, sobre todo cuando algún equipo perdía algún encuentro y no conforme con el resultado demandaba, normalmente porque este o aquel, estaban pasados de edad y no debían estar en esa categoría.”
Pues bien, luego de tener todo a punto, el entrenamiento era muy necesario y en las clases de educación física se afinaban los equipos para la magna competición, algunas veces en horarios extras, los más afiebrados deportistas se sacrificaban para mejorar su condición física o técnica.
Siempre se contó con buenos profes de esta materia como Juan Luis Granados, Benito Contreras, Gustavo Roa y otros maestros muy amigos del deporte como Elio Buitrago, Amilkar Rubio, “El loco” Araque, William Niño, que siempre fueron generosos a la hora de compartir “picaditos” con sus alumnos y buenos consejos como experimentados estrategas.
Pero como el certamen proyectaba una gran imagen de nuestra Normal, la gran gala inaugural, con desfile de la comunidad estudiantil, incluyendo hermosas madrinas, edecanes con maco bien planchado, abanderados de pabellón y heraldo muy pìlos y resto de curso altivo y marcial, la cosa tenía que prepararse con muchos días de anticipación.
Y en eso no se andaba con tacañerías de tiempo, por lo que se “capaba” bastante clase, obviamente con la anuencia de profesores y directivos.
La banda marcial, en esos años reestructurada o mejor rescatada del olvido, daba un colorido especial al acto y por supuesto sus integrantes al mando de Zapata o del “mono” Basto, ensayaban con mucho entusiasmo para los juegos.
Los ensayos se hacían por los amplios senderos del colegio con llegada al campo de futbol y la inauguración nos situaba en el centro de la ciudad para avanzar luego en orgullosa y marcial formación por la avenida Santander hasta llegar a los predios de la Escuela Normal.
“Debo decir para quienes no conocen los predios de esta institución, que sin duda y a pesar que le han quitado varias hectáreas en las últimas décadas, que su campus es uno de los mejores a lo largo y ancho del país, no hablo por las construcciones, inmejorables en sus primeros tiempos, mas si de las zonas verdes con bosquecillos, riachuelos, amplísimos prados, jardines, huertas, campos para el deporte y mucho más. ¿O alguien conoce predios mejores que esos que disfrutamos tantas generaciones de normalistas ?”
De esa manera, con rigurosidad, buena creatividad, mucho ensayo, altas dosis de paciencia y amor por la institución, siempre la inauguración de los juegos, convocaba a la comunidad pamplonesa que aplaudía el colorido desfile y se extasiaba al llegar la llama olímpica y con el juramento de los deportistas por una buena competición.
LOS INOLVIDABLES
“También debo contar o citar con toda justicia, que los mejores durante nuestra época, fueron los organizados durante la rectoría de Baudilio Calderón, quien con su forma de ser y fogueado en distintos ambientes educativos del país, un día llegó a la Normal para reemplazar en el cargo a Roberto Castañeda, quien fue nombrado por el Ministerio de educación para corregir el camino de la institución luego del recordado paro estudiantil de 1973.
Obviamente la preparación de los mismos conllevó además de lo ya mencionado, la organización de un selecto grupo como Delegados, luciendo gallardete y traje completo junto a otro de abanderados con los pabellones de diferentes países.
Esto le dio un toque definitivo y diferente al desfile, que sorprendió a propios y extraños en el centro de Pamplona, lleno de venezolanos que por esa época llegaban en grandes cantidades a visitar a sus hijos estudiantes en otros colegios y desde luego hacer compras por el famoso ‘ta barato”
Además la llegada muy sincronizada al campo de futbol con “sus graderías naturales” abarrotadas, fue espectacular, todos los cursos formamos una especie de estrella, la cual ensayamos durante muchos días y hasta con marcación en el piso con latas de gaseosa para evitar equivocaciones.
En el centro del campo se dispuso de una bola gigante pintada con los colores verde y blanco de la Normal y dentro de ella un buen número de palomas, al momento del juramento esta debìa abrirse y así los animalitos saldrìan en raudo vuelo.
Claro que dentro del armazón de la misma tendría que estar alguien para accionar el mecanismo de apertura, pero quien fue elegido para tan honroso, oloroso y salpicado trabajo no le fue muy bien, por los aletazos de las estresadas aves y la marca indeleble expulsada por su organismo, no le quedaba otra opción que quedar como la estatua de Santander, en el parque de su mismo nombre en el centro de Cúcuta.
Para esos juegos también se armó una delegación de brillantes deportistas, como es habitual en cualquier justa con ese perfil, pero lo interesante es que la flama olímpica ese día muy temprano, dicen que en elegante ceremonia, se encendió frente al Templo Histórico en Villa del Rosario, “Cuna de la República” y fue transportado por los elegidos, primero en la camioneta verde de la institución hasta el sitio El Naranjo (territorio de los Pedraza Gallo) y desde allí en lenta pero segura carrera hasta la Normal por el líder del grupo, el buen atleta Andres Bonilla “El Policia”, destacado corredor y ganador de varias pruebas de atletismo en aquellos tiempos.
Un poco retrasado en los horarios programados, el fuego olímpico al fin llegó, los deportistas juramos, la bola se abrió a medias y las palomas poco volaron, el que estaba dentro salió bastante untado, el público invitado gozó con el desfile y se dio inicio a las competiciones.
"Casi todo fue grabado en video y esa tarea fue encomendada a un alumno, cuyo nombre no recuerdo, pero que trabajaba en Foto Mara, nos dieron caramelo mucho tiempo con la película pero esta nunca apareció. Por eso si alguien sabe de la misma o del álbum fotográfico de aquel entonces, valdría la pena recuperar ese material, ahora que estamos en estos menesteres de recopilar nostalgia."
Como siempre, el programa de juegos se desarrolló con los normales contratiempos, muchos encuentros no se jugaron, otros tuvieron justos ganadores y hasta por ahí circularon menciones.
Lo cierto es que aunque no tuvieran epílogo feliz, los juegos interclases de la Normal marcaron época y en nuestras mentes quedaron grabados como tantas otras vivencias, positivas desde todo punto de vista, las mismas que hoy compartimos con nuestros hijos y nietos o son punto de partida para largas conversaciones de quienes ahora somos “los cuchos”.
Pero bueno, al fin y al cabo, recordar es vivir.
